Raimondo di Sangro, el príncipe que quiso esta capilla
Raimondo di Sangro fue el séptimo príncipe de Sansevero: inventor, experimentador, editor, militar, uno de los personajes más discutidos de la Nápoles del siglo XVIII. La capilla que hoy lleva su nombre no nació por él, pero fue él quien la transformó en el proyecto que aún hoy se visita: un mausoleo familiar que mezcla arte barroco y simbología filosófica, pensado pieza por pieza.
Una capilla que ya existía antes que él
La Capilla surge a finales del siglo XVI, en un jardín vinculado a un episodio legendario: la imagen de la Virgen que habría curado a un prisionero. La construyó como iglesia Alessandro di Sangro, un antepasado de la familia. Raimondo, nacido casi un siglo y medio después, la heredó y la transformó en el mausoleo familiar que es hoy, con un programa de estatuas y símbolos pensado por él hasta en los mínimos detalles.
Un mausoleo con un plan preciso
Raimondo di Sangro no se limitó a encargar algunas estatuas: quiso diez Virtudes para representar a los miembros de su familia, un suelo en forma de laberinto como símbolo del camino hacia el conocimiento, una bóveda pintada con la Gloria del Paraíso. Y, por supuesto, el Cristo velado, en el centro de todo. Cada pieza de la Capilla responde a una idea suya. La lista completa, en orden de visita, está en qué se ve dentro la Capilla.
La leyenda del alquimista
Alrededor de Raimondo di Sangro ha crecido a lo largo de los siglos una fama de alquimista: pigmentos que no existían, un carruaje mecánico, un líquido capaz de hacer el mármol transparente como tela. Gran parte de esta fama nace de experimentos reales, porque era realmente un inventor que publicó y patentó cosas concretas, mezcladas con la excomunión que recibió y con leyendas crecidas después de su muerte. Debe tratarse como lo que es: una leyenda documentada, es decir, una historia que se cuenta desde hace siglos y que ha dejado huellas en los documentos, no un hecho comprobado. La misma cautela vale para la leyenda más pesada, la de las máquinas anatómicas en la Cavea.
Los padres en el mármol
Dos de las estatuas más importantes de la Capilla están dedicadas a sus padres. Pudicizia, de Antonio Corradini, es el monumento a su madre Cecilia Gaetani dell'Aquila d'Aragona, fallecida el 26 de diciembre de 1710 cuando Raimondo era aún niño: el velo ajustado, la guirnalda de rosas y la lápida rota hablan de una vida que terminó demasiado pronto. Disinganno, de Francesco Queirolo, es el monumento a su padre Antonio, duque de Torremaggiore: un hombre que se libera de una red de mármol tallada tan fina que los artesanos de la época se negaron a terminarla. Son relatos familiares tallados, no solo alegorías genéricas.
Si alguien te dice que Raimondo di Sangro era un mago, la respuesta honesta es: era un hombre del siglo XVIII con demasiada curiosidad y demasiado dinero para llevarla a cabo, en una época en la que la excomunión bastaba para transformar a un científico en un hechicero.
Por qué todo esto importa para tu visita
Saber quién era Raimondo di Sangro cambia la forma en que se mira la Cappella: no un museo genérico, sino el proyecto de un solo hombre, construido a lo largo de una vida. También es la razón por la que muchas visitas guiadas insisten más en él que en la arquitectura: la historia se sostiene por sí sola. Hablo de ello en qué visita guiada elegir, y la pregunta de si vale la pena ir está en vale la pena ver el Cristo velado.
Un hombre, no un mito
Lo que más me sorprende, al contar quién era Raimondo di Sangro a quienes visitan por primera vez, es cuánto difiere de la figura novelesca que esperan. No era un mago con capa: era un príncipe con acceso a materiales, artesanos y tiempo, que usó todo esto para construir un proyecto coherente, no una serie de salas casuales. Cada estatua responde a otra, cada símbolo remite a otro símbolo. Está más cerca de un arquitecto obsesivo que de un hechicero.
Dónde termina la leyenda
La excomunión que recibió Raimondo di Sangro es un hecho histórico, no una leyenda: así como sus patentes y sus publicaciones. Lo que sigue siendo leyenda es el salto lógico siguiente, el que convierte a un inventor excomulgado en un nigromante que mataba sirvientes o hacía transparente el mármol con fórmulas secretas. Contar la Cappella sin dar este salto es más honesto, y no resta nada al encanto de la historia.
Preguntas frecuentes
¿Quién era Raimondo di Sangro?
El séptimo príncipe de Sansevero: inventor, experimentador, editor y militar, además de ideólogo del proyecto de la Cappella. La obra maestra que encargó se relata en el Cristo velado.
¿Era Raimondo di Sangro realmente un alquimista?
No en el sentido literal: era un inventor y experimentador real, pero la fama de alquimista es una leyenda que creció en torno a él, alimentada también por la excomunión que recibió.
¿Por qué la Cappella Sansevero lleva su nombre?
Porque fue él quien la transformó, en el siglo XVIII, en el mausoleo familiar con el programa de estatuas y símbolos que se visita hoy, aunque la iglesia ya existía desde finales del siglo XVI.
¿Qué relación tiene Raimondo di Sangro con las máquinas anatómicas?
Él las encargó, comprando el ejemplar masculino en 1756 y haciendo realizar después el femenino. El detalle está en las máquinas anatómicas.